8.6.10

Atardecer bucólico




Tu espalda es el sendero

por el que galopa la tarde estival.


Los hombres siegan los campos

eternizando el crepúsculo

rodeados de las mieses henchidas

nubes que se proyectan
a un cielo que llora de sed.

Arden en el atardecer tus manos

hirviendo por la sangre
que entumece mi semblante.


Mi camino es el trigo,

el producto divino que acaricias
cuando tus dedos deciden

invadirlo por sorpresa,

tumbada
el contraste de tu pelo
inunda de noche el reflejo del sol
que huye.


El vestido que descansa

en tus hombros

se desmaya delicado
al final de mis manos
los últimos claros del ocaso

manchados por el sol

ensombrecen tus ojos

el manantial del fruto maduro
el cereal que canta en la tarde

la escandalosa risa

de la alegría.






 

4.6.10

¿Qué leía?


¿Qué leía aquella muchacha del libro en el tranvía?
Por estar fuera del tiempo y la imagen y el nombre,

sólo le quedaba el sentido y éste temblaba tan ardorosamente

que si hubiera tenido que hablar, hubiera injuriado,

y si hubiera tenido que levantar los ojos, hu
biera visto
solamente la rebelión y la caída de los ángeles...


Quien se ha sumido en la poesía,
ya no puede salir...










Vladimir Holan, (Dolor). Traducción de Clara Janés.